Si pudieramos eliminar los egoísmos, si acercaramos una mano al que la necesita. Si nos alegraramos cuando alguien es felíz, si la sonrisa acudiera a nosotros cuando otros sonrien... Si el llanto nos embargara ante el sufrimiento ajeno, si la palabra odio fuera extraña a nosotros: seguramente viviríamos en un mundo felíz, seguramente ese mundo sería de todos los hombres, seguramente todos los hombres serían amigos. ¡Seguramente sería un mundo mejor!
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